La prima Phillis
La prima Phillis —¿Por qué no lo traes aquÃ? —dijo el pastor—. Nuestro aire es célebre. Los dÃas de junio son cálidos, y podrá dar vueltas a su antojo por los campos de heno: las dulces fragancias serán un bálsamo por sà solas… mejor que los medicamentos.
—Además —añadió la prima Holman, sin esperar casi a que su marido terminara la frase—, puedes decirle que hay leche recién ordeñada y huevos frescos; es una suerte que Daisy acabe de parir, porque su leche es tan cremosa como la nata de las demás vacas. Y tenemos el cuarto de la tapicerÃa de cuadros, donde el sol de la mañana entra a raudales.
Phillis no dijo nada, pero parecÃa tan interesada en el asunto como los demás. Decidà encargarme de todo. QuerÃa que mis primos conocieran al señor Holdsworth, y que él les conociera a ellos. Se lo propuse en cuanto llegué a casa. Después de trabajar todo el dÃa, estaba demasiado cansado para hacer el pequeño esfuerzo de presentarse ante unos desconocidos, y me llevé una desilusión cuando declinó la invitación. Pero las cosas cambiaron por la mañana. Se disculpó por su rudeza de la vÃspera, y me dijo que lo organizarÃa todo para ir conmigo a la granja Esperanza el sábado siguiente.