La prima Phillis
La prima Phillis —Me temo que no confÃa en mÃ. Le aseguro que sé muy bien en qué momento han de recogerse los guisantes. Me cuidaré mucho de arrancarlos antes de tiempo. No dejaré que me eche de aquà como si fuera incapaz de hacer bien este trabajo.
Phillis no estaba acostumbrada a que le hablaran en aquel tono medio jocoso. Por unos instantes pareció querer defenderse de aquella acusación de desconfianza hecha en broma, pero al final no dijo nada. Los tres estuvimos cinco minutos recogiendo guisantes en silencio. Luego Holdsworth se irguió entre las hileras y dijo, agotado:
—Me temo que no puedo más. No estoy tan fuerte como creÃa.
Phillis sintió inmediatamente remordimientos. El señor Holdsworth estaba muy pálido, y ella se culpaba de haber permitido que la ayudara.
—Ha sido muy desconsiderado por mi parte —dijo—. No sabÃa… Pensé que tal vez le gustara de veras. TenÃa que haberle ofrecido algo de comer. ¡Oh, Paul! Ya tenemos guisantes de sobra. ¡Qué necia he sido al olvidar que el señor Holdsworth acaba de estar enfermo!