La prima Phillis
La prima Phillis —Es un buen tipo, de eso no hay duda —exclamé—. Mi padre tiene muy buena opinión de él, y yo lo he tratado mucho. Jamás le habrÃa traÃdo si hubiera pensado que a usted no le iba a caer bien.
—Sà —titubeó de nuevo el pastor—, me gusta, y creo que es un hombre Ãntegro. A veces su conversación no es todo lo seria que deberÃa ser, pero, al mismo tiempo, ¡es tan delicioso escucharle! Consigue que Horacio y Virgilio parezcan vivos, en lugar de muertos, con las historias que me relata sobre su estancia en los paÃses donde nacieron, y donde incluso hoy en dÃa, según dice… Pero es como tomar una bebida alcohólica. Me quedo escuchándolo hasta que olvido mis deberes, y me siento transportado a otro lugar. El domingo pasado, durante la velada, nos incitó a hablar de temas profanos muy poco apropiados para el dÃa del Señor.