La prima Phillis

La prima Phillis

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Betty y los hombres estaban en el campo, ayudando con el último cargamento de heno, pues el pastor decía que llovería antes del amanecer. Y sí, el propio pastor, Phillis y el señor Holdsworth estaban arrimando el hombro. La prima Holman había querido también echar una mano, pero quizá fuera la menos indicada de todos para recolectar y cargar el heno. Pero alguien debía quedarse y cuidar de la casa: había tantos vagabundos por los alrededores… (si yo no hubiera tenido nada que ver con el ferrocarril, la prima Holman les habría llamado peones camineros[16]). Le pregunté si le importaba quedarse sola, pues deseaba ayudar a los demás; y, cuando consintió de buen grado que me marchara, seguí el camino que me indicó: crucé el patio trasero, dejé atrás el abrevadero, el Campo de los Fresnos y el terreno más alto con dos acebos en el centro. Llegué a mi destino y vi a Betty con todos los trabajadores de la granja, un campo abierto y un carro muy cargado: un hombre en lo alto de él cogía el heno fragante que los demás le lanzaban con sus horcas. Había un montón de ropa en un rincón (ya que el calor, incluso a las siete de la tarde, era insoportable), y algunas latas y cestas, entre las que Rover montaba guardia, jadeante. Se oían muchas risas, bromas y gritos, pero no había ni rastro del pastor, de Phillis ni del señor Holdsworth. Betty fue la primera en verme, e, imaginando en seguida a quién buscaba, se acercó a mí.


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