La prima Phillis
La prima Phillis —Están más arriba, con los trastos del señor Holdsworth.
Asà que me fui «más arriba», a un vasto ejido lleno de montÃculos y hondonadas de arena roja, bordeados de abetos oscuros, purpúreos a la luz del crepúsculo, pero a dos pasos del fulgor del tojo florido, o, como decimos en el sur, de los arbustos de aulaga, que recortados sobre los lejanos árboles se veÃan extraordinariamente dorados. En aquel páramo, un poco más allá de la entrada, estaban los tres. Conté sus cabezas, unidas por el entusiasmo sobre el teodolito de Holdsworth. Éste enseñaba al pastor la teorÃa y la práctica de la agrimensura. QuerÃan que les ayudara, y en seguida me pidieron que sujetara la cadena. Phillis estaba tan absorta como el pastor; deseaba tanto escuchar la respuesta a una pregunta de su padre que apenas se tomó el tiempo necesario para saludarme.