Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - ¡Siéntate, siéntate! -le gritó la señora Corney, quitando el polvo de una silla con el delantal-. Creo que Molly no tardará en aparecer. Ha ido un momento al huerto, a ver si encuentra alguna fruta que se haya caído para hacer un pastel para los chicos. Ahora les gusta comer pastel de manzana endulzado con melaza para cenar, con una buena crosta bien dura, de esas que hay que masticar, y todavía no hemos recogido nuestras manzanas.
- Si Molly está en el huerto, iré a buscarla -dijo Sylvia.
- ¡Bueno! Ya sé que vosotras dos tenéis vuestras conversaciones privadas; secretitos acerca de vuestros enamorados y cosas así -dijo la señora Corney con una mirada de complicidad que hizo que por un momento Sylvia la odiara-. No me he olvidado de cuando era joven. Ten cuidado, hay un charco lleno de barro justo al salir por la puerta de atrás.