Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Al momento se abrió la puerta, y los dos hombres que se ocultaban se apercibieron de la presencia de los agentes, aunque al principio estos se quedaron inmóviles, escrutando la habitación aparentemente vacía con un aire de decepción. Pero al momento siguiente se lanzaron hacia las piernas de Philip, que asomaban bajo la cortina. Le sacaron con violencia, y a continuación le soltaron.
- ¡Señor Hepburn! -dijo uno de los agentes, asombrado.
Pero inmediatamente sumaron dos y dos; pues en un lugar tan pequeño como Monkshaven se conocían todas las relaciones y parentescos, incluso las simpatías; y para aquellos hombres el motivo de la presencia de Philip en Haytersbank era del todo evidente.
- El otro no estará lejos -dijo el otro agente-. Su plato estaba abajo, lleno de comida; vi al señor Hepburn caminando apresuradamente delante de mí cuando salí de Monkshaven.
- Aquí está, aquí está -llamó el otro, arrastrando a Daniel por las piernas-. Ya le tenemos.
Daniel soltó violentas patadas, y salió de su escondrijo de manera menos ignominiosa que si lo hubiesen sacado de los talones.
Sacudió el cuerpo y se dio la vuelta, encarándose a sus captores.