Los amores de Sylvia

Los amores de Sylvia

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Se decía que John y Jeremiah Foster eran tan ricos que podían comprar toda la parte nueva de la ciudad, situada al otro lado del puente. Desde luego, era cierto que habían fundado una especie de banco primitivo relacionado con la tienda, que aceptaban y cuidaban el dinero que la gente no deseaba tener en casa por miedo a que se lo robaran. Nadie les pedía intereses por el dinero así depositado, ni ellos lo pagaban; pero, por otro lado, si alguno de sus clientes, cuyo carácter le hacía merecedor de confianza, deseaba un pequeño anticipo, los hermanos, tras informarse debidamente, se mostraban dispuestos a prestar una pequeña suma sin cargar ni un penique por la utilización de su dinero. Todos los artículos que vendían eran de calidad, pues sabían elegir, y por ellos querían y obtenían dinero contante y sonante. Se decía también que la tienda solo la tenían para distraerse. Otros aseguraban que por las mentes de los hermanos corrían planes de boda, un matrimonio entre William Coulson, el sobrino de la esposa del señor Jeremiah (el señor Jeremiah era viudo) y Hester Rose, cuya madre era una especie de pariente lejana, y que atendía en la tienda junto con William Coulson y Philip Hepburn. No obstante, esto lo rechazaban quienes aseguraban que Coulson no tenía el menor parentesco con ellos, y que si los Foster hubieran ido en serio con Hester, no habrían permitido que ella y su madre pasaran estrecheces, obligadas a tener a Coulson y a Hepburn de huéspedes para llegar a fin de mes. No; John y Jeremiah dejarían todo su dinero a algún hospital o a alguna institución benéfica. Pero también había quien replicaba a estos argumentos, pues ¿acaso no se le pueden dar muchas vueltas a una discusión cuando se refiere a una posibilidad no respaldada por ningún hecho comprobado? Y esta era parte de la réplica: los ancianos caballeros probablemente tenían algún meditado plan al permitir que su prima tuviera a Coulson y a Hepburn de huéspedes, siendo el uno una especie de sobrino, y el otro, aunque joven, el encargado de la tienda; en caso de que a cualquiera de los dos le gustara Hester, ¡qué buen término podría tener aquel asunto!


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