Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - Si fueras otra persona, no te habría perdonado nunca. Nunca -añadió con amargura, al evocar las palabras que él le había dicho-. Mi primer impulso es odiarte por lo que has dicho; pero después de todo eres el viejo Kester, y no puedo evitar perdonarte.
Y avanzó hacia Kester. Él le cogió la cabecita entre sus manos callosas y se la besó. Ella le miró con unos ojos llenos de lágrimas y le dijo en voz baja:
- Nunca vuelvas a decir eso. Nunca hables…
- Antes me morderé la lengua -la interrumpió él.
Mantuvo su palabra.
En ninguna de las visitas que hizo Philip a Haytersbank Farm en esa época volvió a hablarle a Sylvia de amor. En su gesto, palabras y actitud era un hermano cariñoso y considerado, nada más. Pues nada más podía ser, teniendo en cuenta el enorme temor que se cernía sobre él tras cada conversación con el abogado.