Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - Y ahora vete con tu prima y su amiga. Hester está aquÃ, y la vieja Hannah. Yo mismo llevaré a Hester a casa, si hace falta. Pero por el momento es mejor que se quede aquÃ, pues no está lejos la casa de su madre, y podrÃamos necesitar ayuda si alguna de esas pobres criaturas sufre algún tipo de violencia.
Tras decir todo esto, el señor John llamó a la puerta de su salón y esperó a que le dieran permiso para entrar. Tan anticuada cortesÃa era su manera de decirles a las dos desconocidas lo contento que se sentÃa de que esa estancia pudiera haberles sido de utilidad; y que, si hubiese sabido que estaba ocupada, jamás se habrÃa atrevido a pasar sin llamar. Una vez dentro, se dirigió a un armario que habÃa en un rincón y, tras sacar una llave, extrajo una provisión de vino, pastel y licores que guardaba en la parte superior del mueble, e insistió en que todos comieran y bebieran mientras esperaban a Philip, que se estaba encargando de que la tienda quedara segura durante la noche.