Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia 35
LO INEFABLE
En cuanto Philip hubo salido de la habitación, Sylvia se quedó completamente inmóvil, agotada. Su madre seguía durmiendo, felizmente inconsciente de toda la vorágine que había tenido lugar; sí, felizmente, aunque ese feliz sueño iba a acabar en muerte. Pero de todo esto su hija no sabía nada, e imaginaba que era un sueño reparador, en lugar de la vida que se consumía. Madre e hija permanecieron inmóviles hasta que Phoebe entró en el dormitorio para decirle a Sylvia que la comida estaba en la mesa.
En ese momento Sylvia se incorporó y se echó el pelo hacia atrás, perpleja, sin saber qué hacer; con qué cara iba a mirar a su marido, con quien había roto todo vínculo, repudiando la solemne promesa de amor y obediencia que había hecho.
Phoebe entró en el dormitorio, con un natural interés por la enferma, no mucho mayor que ella.
- ¿Cómo está la señora? -preguntó, en voz baja.
Sylvia se volvió hacia su madre, y vio que no solo no se había movido, sino que respiraba de manera sonora y agitada; Sylvia se agachó para ver su cara más de cerca.
