Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - ¡Phoebe! -gritó-. ¡Ven! Se la ve rara; tiene los ojos abiertos, pero no me ve. ¡Phoebe! ¡Phoebe!
- ¡Es verdad, está muy mal! -dijo Phoebe, subiéndose a la cama para ver mejor-. Levántale un poco la cabeza para que pueda respirar mientras voy a buscar al señor; supongo que mandará llamar al médico.
Sylvia tomó la cabeza de su madre y la apoyó cariñosamente contra su pecho, hablándole e intentando despertarla; pero no sirvió de nada, aquella respiración ronca y estertórea era cada vez peor.
Sylvia gritó pidiendo ayuda; acudió Nancy, con el bebé en brazos. Ya habÃan entrado varias veces aquella mañana; y la niña le sonreÃa y le gorjeaba a su madre, la cual sostenÃa a la suya, muerta.
- ¡Oh, Nancy, Nancy! ¿Qué pasa con madre? Mira qué cara pone. ¡DÃmelo enseguida!
Por toda respuesta, Nancy dejó a la niña sobre la cama y salió corriendo del cuarto, gritando:
- ¡Señor! ¡Señor! ¡Venga enseguida! ¡La señora se está muriendo!
Sylvia ya se lo imaginaba, pero las palabras la impresionaron mucho, pero a pesar de todo fue incapaz de llorar; le sorprendió lo muertos que estaban sus sentimientos.