Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia Quienes le rodeaban se mostraban muy amables con él a su manera, y atendían a sus necesidades corporales, pero no se sentían muy inclinados a escuchar las desdichas de Philip, de haber sido este de los que hacen confidencias de ese tipo. De hecho, permanecía totalmente inmóvil en su litera, casi nunca pedía nada, y cada vez que el médico del barco hacía la ronda y le preguntaba, él contestaba que se encontraba mejor. Pero poco le importaba recobrarse, y lamentaba mucho descubrir que su caso se considerara tan interesante desde el punto de vista médico, por lo que recibía mucha más atención de la normal. Quizá fue por esa causa que se acabó recuperando. Los médicos decían que era el calor lo que le debilitaba, pues sus heridas y quemaduras por fin estaban sanando; y al poco le dijeron que se le ordenaba «volver a casa». Se le detuvo el pulso bajo el dedo del médico al oír esa palabra, pero no dijo nada. Sentía demasiada indiferencia hacia la vida y el mundo para tener voluntad; de lo contrario habrían seguido conservando aquel paciente mascota durante un tiempo más.