Los amores de Sylvia
Los amores de Sylvia - A veces es una buena chica, y si le apeteciera tener una capa amarilla, yo no tendría nada que oponer. Aquí tenemos a Philip, firme partidario de las leyes y de las patrullas de leva: le reto a que me diga qué ley prohíbe complacer a nuestra hija, la única que tenemos. ¡No has pensado en eso, mujer!
Bell pensaba en ello a menudo; más a menudo que su marido, quizá, pues recordaba todos los días, y muchas veces al día, a esa criatura que le nació y murió mientras su marido estaba lejos, en alguno de sus viajes. Pero a ella no le gustaba replicar.
Sylvia, que conocía el corazón de su madre mejor que Daniel, cambió de tema.
- ¡Ah! Y en cuanto a Philip, todo el camino hasta casa nos ha estado cantando las alabanzas de las leyes. Yo no he dicho nada, y he dejado que Molly se defendiera sola; pero podía haber contado algunas historias de sedas, encajes y cosas por el estilo.