Los amores de Sylvia

Los amores de Sylvia

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Philip se sonrojó. No por la referencia al contrabando, pues era algo que todo el mundo practicaba, aunque se consideraba cortesía no mencionarlo; sino por lo rápidamente que su prima había descubierto lo lejos que estaban sus hechos de sus dichos, y también le irritaba ver lo mucho que se alegraba Sylvia de sacar ese tema. También se decía que a lo mejor su tío utilizaría sus prácticas clandestinas como argumento en contra de la prédica que les había soltado un rato antes; pero Daniel había bebido demasiada ginebra con agua como para poder hacer otra cosa que emitir sus opiniones, cosa que hizo en tono vacilante, esforzándose por hablar con claridad, en las siguientes palabras:

- Esto es lo que yo creo. Las leyes están hechas para que las personas no se perjudiquen entre ellas. Las patrullas de leva y los guardacostas perjudican mi negocio, y me impiden conseguir lo que quiero. Por tanto, lo que pienso es esto: el señor Cholmley debería suprimir a las patrullas y a los guardacostas. Y si esa no es una buena razón, te pido que me lo digas. Y si el señor Cholmley no hace lo que le pido, ya se puede ir a buscar el voto de otro.




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