Mary Barton

Mary Barton

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No sé si fue en un día de fiesta concedido por los patronos o en uno tomado por los obreros por derecho de Naturaleza y en honor a sus hermosos días primaverales, pero una tarde (hará ahora diez o doce años) esos campos estaban abarrotados de gente. Era primeros de mayo: el abril de los poetas, pues había estado toda la mañana lloviendo y las nubes blancas, suaves y redondeadas que el viento del oeste empujaba por el cielo azul intenso a veces se entreveraban con alguna más negra y amenazadora. La calidez del día tentaba a las hojas jóvenes, que cobraban vida de manera casi visible con un aleteo; y los sauces que por la mañana habían sido solo un pardo reflejo en el agua eran ahora de ese tierno color verde grisáceo que tan delicadamente se mezcla con la armonía primaveral de los demás colores.

Fueron llegando con paso liviano grupos de chicas alegres y tal vez un poco gritonas, cuyas edades puede que oscilaran entre los doce y los veinte años. Eran, en su mayoría, obreras de las fábricas, y llevaban la prenda que se ponen habitualmente esas doncellas para salir: un chal, que a mediodía, o cuando hacía buen tiempo, no era más que un chal, pero que, al caer la tarde o si el día era frío, se convertía en una especie de mantilla española o de manta escocesa, y se llevaba suelto sobre la cabeza o prendido con un broche debajo de la barbilla de manera muy pintoresca.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker