Mary Barton
Mary Barton —Y bien, Wilson, ¿qué se le ofrece a usted hoy?
—Disculpe, señor, Davenport ha contraÃdo la fiebre y he venido a saber si podrÃa usted conseguirle una orden de ingreso en el hospital.
—Davenport… Davenport… ¿quién es? No me suena el nombre.
—Ha trabajado en su fábrica más de tres años, señor.
—Es posible; no querrá que conozca de memoria todos los nombres de mis empleados; eso es trabajo del encargado. Asà que está enfermo, ¿eh?
—SÃ, señor, se encuentra muy mal. Queremos llevarlo al pabellón de infecciosos del hospital.
—No creo tener ninguna orden de ingreso disponible en este momento; pero estaré encantado de darle una de tratamiento ambulatorio.
Y diciendo estas palabras se levantó, abrió un cajón, se quedó pensando un momento y luego le dio a Wilson una petición de tratamiento ambulatorio.