Mary Barton
Mary Barton Entretanto, el joven Carson habÃa terminado de leer su revista y empezó a prestar atención a lo que ocurrÃa. Terminó su desayuno, se puso en pie y sacó cinco chelines del bolsillo, que le dio a Wilson al pasar, para «ese pobre hombre». Salió de la habitación, pidió su caballo, montó alegremente y se marchó a toda prisa. Estaba deseando llegar a tiempo de robarle una mirada y una sonrisa a la encantadora Mary Barton mientras iba de camino a casa de la señorita Simmonds. Aunque ese dÃa iba a llevarse una decepción. Wilson salió de la casa sin saber si alegrarse o entristecerse. Todos le habÃan tratado con amabilidad y quién sabe si no se interesarÃan después por Davenport y harÃan algo por él y su familia. Además, la cocinera, que después de preparar el desayuno habÃa tenido tiempo de pararse a pensar y habÃa reparado en su palidez, tenÃa listo un poco de pan con carne para cuando saliera del salón; y un estómago lleno nos vuelve a todos más esperanzados.
Al llegar a Berry Street ya habÃa llegado a la conclusión de que era portador de buenas noticias y sintió su corazón más aliviado. Pero volvió a desanimarse al abrir la puerta del sótano y ver a Barton y a la mujer inclinados sobre el enfermo con un gesto triste y desolado.