Mary Barton
Mary Barton Acordaron que el entierro corriera a cargo del Ayuntamiento; el finado había pagado las cuotas de un club de enterramientos mientras había podido permitírselo, pero el impago de unas pocas semanas le había privado del derecho a reclamar su dinero. ¿No querría ir la señora Davenport con los niños a casa de Mary? A la joven se le iluminó el rostro al proponérselo, pero ¡no!, allí donde estuvieran los desdichados y amados restos mortales de su marido estaría también ella llorándolo; y lo único que pudieron hacer fue acomodarla lo mejor posible con el poco dinero que les quedaba, y pedirle a una vecina que pasara a verla y a hablar con ella de vez en cuando. Así que la dejaron sola con el muerto, y quienes tenían trabajo fueron a trabajar y los que no lo tenían se encargaron de organizar el funeral.