Mary Barton
Mary Barton Mary se llevó una buena reprimenda de la señorita Simmonds por ser tan despistada. Sin duda para ella fue un contratiempo que Mary no le llevara aquella mañana unos trozos de muselina y seda necesarios para terminar un vestido que alguien tenía que ponerse esa noche; pero lo cierto es que la pobre Mary no sabía lo que hacía: estaba demasiado ocupada pensando en cómo cepillar, modificar y arreglar su viejo vestido negro (el mejor que tenía cuando murió su madre) para convertirlo en un vestido de luto decente para la viuda. Y cuando llegó a casa de noche (aunque era muy tarde, porque en cierto modo había tenido que compensar su negligencia de la mañana) se puso enseguida manos a la obra, y estuvo tan ocupada y contenta con su labor que de vez en cuando tuvo que contenerse para no ponerse a canturrear porque no le parecía apropiado teniendo en cuenta lo que estaba haciendo.
Y, cuando llegó el día del funeral, la señora Davenport fue pulcramente vestida de negro, lo que fue un consuelo ante tanto dolor.