Mary Barton
Mary Barton —Entonces, ¿piensa usted dejarla marchar, señor? Le ha dejado muy claro que no quiere seguir viéndole.
—No, no pienso dejarla marchar, por mucho que eso os gustara a ella y a ti. Estoy más enamorado que nunca, aunque solo sea por este caprichoso enfado suyo. Entrará en razón, puedes estar segura. Las mujeres siempre lo hacen. Siempre se lo piensan dos veces y se dan cuenta de que habrÃan hecho mejor no despreciando a su enamorado. Aunque con eso no quiero decir que vaya a repetirle mi oferta.
Con unas cuantas palabras más de poca importancia, los dos aliados se despidieron.