Mary Barton
Mary Barton —Antes de convertirlo a usted en mi confidente, buen hombre —dijo en tono desdeñoso—, quisiera saber qué derecho le asiste para entrometerse en nuestros asuntos. Que yo sepa, ni Mary ni yo le hemos pedido que intervenga. —Hizo una pausa, querÃa una respuesta clara a esta última suposición. No recibió ninguna, asà que empezó a pensar que le estaban amenazando para que se casara y su ánimo se encrespó mucho—. Asà que, buen hombre, tenga usted la bondad de dejarnos en paz y no meterse donde no le llaman. Si fuese usted su hermano o su padre, la cosa habrÃa sido distinta. Pero asà solo me parece usted un entrometido y un impertinente.
Nuevamente, hizo ademán de seguir, pero Jem se interpuso decididamente en su camino y le replicó:
—Dice usted que, si hubiese sido su hermano o su padre, me habrÃa respondido. Ningún padre o hermano podrÃan quererla como yo la he querido y sigo queriéndola; si el amor me da derecho a preguntarle, no encontrará a nadie que tenga tanto como yo. ¡DÃgame, señor! ¿Son sus intenciones con Mary honestas o no? Le he demostrado que tengo derecho a saberlo y por Dios que pienso averiguarlo.