Mary Barton

Mary Barton

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Mary solo pudo reprocharse por haber dormido tanto esa mañana y apresurarse a seguir los pasos de Margaret; pues, por muy tarde que fuese, supo que no podría ir a trabajar sin saber cómo se encontraba la pobre Alice Wilson.

Así que, mordisqueando una corteza de pan como todo desayuno, salió rápidamente a la calle. Luego recordó haber visto corrillos comentando una noticia, pero en ese momento su único cuidado era darse prisa por miedo a que la regañase la señorita Simmonds.

Entró en casa de Jane Wilson y nada más hacerlo se le encogió el corazón y su rostro se sonrojó al reparar en que Jem podía encontrarse allí. Aunque puedo asegurar al lector que no lo había pensado antes. Movida por la impaciencia y el cariño, su preocupación por Alice no se había mezclado esa apresurada mañana con ningún pensamiento sobre él.

El vuelco que le dio el corazón fue innecesario y el rubor acudió en vano a sus mejillas, pues Jem no estaba en casa. Sobre la mesa camilla había una taza y un platillo que alguien había usado y Jane Wilson, sentada al otro lado, lloraba en silencio mientras desayunaba con una especie de apetito inconsciente. También vio a la señora Davenport, que lavaba un gorro de dormir, el cual, por su anticuada confección, Mary supo inmediatamente que pertenecía a Alice. Pero nada… nadie más.


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