Mary Barton
Mary Barton Se interrumpió y unas pocas lágrimas cayeron por las viejas y marchitas mejillas al recordar cómo habÃa cedido en su infancia a la tentación y al engaño. Pocos pecados habÃan oscurecido desde entonces aquel espÃritu infantil. Mary encontró un pañuelito de topos rojos y se lo puso en la mano, que buscaba algo para secarse las lágrimas. Alice lo cogió con un dulce murmullo.
—Gracias, mamá.
Mary apartó a Margaret de la cama.
—¿No crees que es feliz, Margaret?
—¡SÃ!, bendita sea. No tiene dolores e ignora el estado en que se encuentra. ¡Ay, Mary, ojalá pudiera verla! Trato de ser paciente cuando está ella delante, pero lo darÃa todo por verla y saber lo que necesita. ¡Me siento tan inútil! Pienso quedarme mientras Jane Wilson esté sola y me gustarÃa quedarme también toda la noche, pero…
—Ya vendré yo —dijo Mary en tono decidido.
—La señora Davenport ha dicho que volverÃa, pero tiene que trabajar todo el dÃa.
—Vendré yo —repitió Mary.
—¡De acuerdo! —dijo Margaret—. Esperaré hasta que llegues. Jem y tú podéis turnaros y asà Jane Wilson podrá descansar un poco en su cama, se ha pasado casi toda la noche en vela, y justo cuando se habÃa quedado dormida, a eso de las dos o las tres, llegó Jem y su voz la despertó en el acto.