Mary Barton
Mary Barton —¿De dónde venÃa a esas horas? —preguntó Mary.
—¡No tengo ni idea! No era asunto mÃo; y, además, no lo vi hasta que pasó a ver a Alice. Esta mañana me lo encontré y parecÃa muy triste. Pero tal vez tú puedas consolarlo, Mary —dijo Margaret con una sonrisa, mientras un rayo de esperanza iluminaba el corazón de Mary, que casi se alegró por un instante de que aquella ocasión volviera a reunirlos. ¡Oh, noche venturosa! ¿Cuándo llegarÃa? TodavÃa faltaban muchas horas.
Luego vio a Alice y se arrepintió con amargo reproche. Pero, por mucho que se culpara, no pudo evitar alegrarse en el fondo de su corazón, por lo que trató de no pensar mientras se apresuraba a ir a casa de la señorita Simmonds con pasos livianos y danzarines.