Mary Barton
Mary Barton Sin miedo, y sin dudarlo un instante, se levantó y abrió la puerta. Recortada contra el claro de luna, vio una figura tan parecida a su madre muerta que no le cupo la menor duda y exclamó (como un niño asustado que se siente seguro ante el cuidado y la protección de su progenitor):
—¡Oh, madre, madre! ¿Ha venido por fin? —y se echó, o más bien cayó, sin reconocerla, en brazos de su tÃa Esther, que llevaba tanto tiempo desaparecida.