Mary Barton
Mary Barton Y entonces recordó el antiguo vínculo que unió a Rut y a Noemí[90], el amor que ambas sentían por la misma persona; y creyó que sus preocupaciones se aliviarían si era útil o servía de consuelo a la madre de Jem. Así que, una vez más, cerró la casa y se puso en camino hacia Ancoats; anduvo deprisa y mirando al suelo, por miedo a que alguien pudiera reconocerla y pararla por la calle.
Al entrar encontró a Jane Wilson muy callada en su sillón, en sorprendente contraste con su ruidosa y agitada actitud habitual.
Estaba muy pálida y desmejorada, pero fue su silencio lo que más impresionó a Mary. No se levantó al verla entrar sino que, sin moverse, dijo algo en voz tan baja y débil que la joven no la oyó.
La señora Davenport, que se encontraba en la casa, cogió a Mary del vestido y susurró:
—No la molestes; está agotada y es mejor dejarla en paz. Te lo explicaré arriba.
Pero Mary, conmovida por la inquietud con que la miraba la señora Wilson, como si esperara de ella alguna respuesta, se acercó para oír lo que decía.
—¿Qué es esto? ¿Me lo vais a decir?
Mary miró y vio otro ominoso trozo de pergamino en manos de la madre, que lo estaba enrollando y desenrollando entre los dedos trémulos.