Mary Barton

Mary Barton

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A Mary se le encogió el corazón y fue incapaz de decir nada.

—¿Qué es esto? —repitió la señora Wilson—. ¿Me lo vais a decir? —Y siguió mirando a Mary con la misma mirada infantil, entre perpleja y suplicante.

¿Qué podía responder?

—Ya te he dicho que no la molestes —dijo la señora Davenport, un poco enfadada—. Sabe muy bien lo que es. Yo no estaba en casa cuando se lo dieron; pero la señora Heming (que vive al lado) sí, y le leyó lo que decía y se lo explicó a la señora Wilson. Es una citación para testificar en el juicio de Jem; la señora Heming cree que será para confirmar lo de la pistola, pues ella es la única que puede testificar que era suya y, como se lo dijo al policía, ahora no puede retractarse. ¡Pobrecilla, lo está pasando fatal!

La señora Wilson había esperado pacientemente mientras las dos mujeres susurraban, imaginando tal vez que luego le darían alguna explicación. Pero, cuando las dos guardaron silencio, aunque sus ojos expresaran sin necesidad de decir nada la lástima que sentían, volvió a hablar en aquel tono amable e imperturbable (tan distinto de la irritada impaciencia con que acostumbraba a tratar a todo el mundo menos a su marido, que se había casado con ella cuando estaba lesionada y maltrecha), y con una voz muy diferente, como digo, de su habitual precipitación repitió las mismas palabras angustiadas:


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