Mary Barton
Mary Barton —Si la retenemos aquà puede parecer extraño. Los abogados siempre están maquinando triquiñuelas.
—Pero no es ninguna triquiñuela —dijo Mary—. Se encuentra muy mal, al menos lo estaba anoche, y hoy está muy débil y desfallecida.
—¡Pobrecilla! Solo pienso en el bien de Jem; y se conocen tantos detalles del caso que no arreglarÃa nada dejarla aquÃ. Pero preguntaré al señor Bridgenorth. Seguiré el consejo de tu médico. Ve a casa y pasaré a verte dentro de una hora. ¡Ve, niña!