Mary Barton
Mary Barton Se moría de curiosidad por ver a Mary; su relación con un asesino parecía haberla convertido en una especie de lusus naturae[93], y había quien la miraba muy seriamente esperando advertir algún cambio en ella. Pero Mary había estado demasiado ocupada en los últimos días para darse cuenta.
Ahora Sally la observó con suma atención (de manera muy distinta a como la miraba antes) y casi memorizó sus rasgos: el vestido de diario (el estampado Hoyle de color lila con el talle alto) que tanto le gustaba; un pañuelito de seda anudado al cuello como un chico; el pelo recogido detrás de la cabeza, como si le diera calor (siempre lo llevaba muy largo), y las manos que se movían nerviosas…
Aquellos detalles convertirían a Sally en una gacetilla de novedades a la mañana siguiente en la sala de labor y valían la pena por sí solos, aunque no consiguiera sacar nada más de Mary.
—Caray, Mary —empezó—. ¿Dónde te has escondido? Ayer no apareciste por casa de la señorita Simmonds. No pensarás que íbamos a reprocharte lo sucedido. Algunas lamentamos un poco lo que le pasó al joven caballero que ahora está frío y rígido por tu culpa; pero nunca te lo echaríamos en cara. La señorita Simmonds también lamentará que no vayas, porque hay muchos vestidos de luto por hacer.