Mary Barton
Mary Barton Tanto el viento como la marea estaban en contra de los dos hombres y, por más que se esforzaban, apenas lograban avanzar. En una ocasión, llevada por la impaciencia, Mary se incorporó para ver mejor lo que habían adelantado; pero los hombres le ordenaron con rudeza que volviera a sentarse de inmediato y se desplomó en el asiento como una niña a la que hubiesen regañado, aunque su impaciencia no hubiera disminuido ni un ápice.
Pero entonces concluyó que estaban apartándose del curso principal que habían seguido hasta entonces por la parte de Cheshire, adonde habían ido para evitar la fuerza de la corriente, y al cabo de un rato les dijo, como si estuviera viviendo una pesadilla, que le parecía que todas las fuerzas animadas e inanimadas se hubieran confabulado contra su único objetivo de alcanzar a Will.
Los barqueros respondieron con aspereza. Vieron a un barquero a quien conocían y se les ocurrió pedirle que tomara el timón, para que ellos pudieran remar con más fuerza. Sabían lo que tenían entre manos, así que Mary guardó silencio con los puños apretados mientras duraron las negociaciones, le explicaban el caso, pedían el favor y el otro se lo concedía. Pero todo el tiempo la embargó un terror nervioso que la ponía enferma.