Mary Barton
Mary Barton Llevaban mucho, mucho tiempo remando… Al menos eso parecía, y Liverpool todavía estaba cerca. Mary empezaba a preguntarse si los hombres no estarían tan desmoralizados como ella, cuando el viento, que hasta entonces habían tenido en contra, amainó y empezaron a formarse unas nubes en el cielo que acabaron tapando el sol y sumiéndolo todo en una fría oscuridad.
No se movía una brizna de aire y sin embargo hacía más frío que cuando soplaba con blanda violencia el viento de poniente.
Los hombres renovaron sus esfuerzos. El bote avanzaba con cada impulso de los remos. El agua vidriosa e inmóvil reflejaba hasta los últimos matices de aquel cielo tan negro como la tinta china. Mary se estremeció y se dejó arrastrar por el desánimo. Sin embargo, era evidente que estaban avanzando. Luego, el que llevaba el timón señaló una onda rizada que había a poca distancia y los hombres pidieron a Mary —que estaba observando los barcos que ella creía en alta mar— que se apartase para poder izar las velas.
Se levantó con un pequeño respingo. Su paciencia, su pena, y tal vez su silencio, habían empezado a conmover a aquellos hombres.
—El segundo hacia el norte es el John Cropper. Tenemos el viento a favor y las velas nos llevarán allí enseguida.