Mary Barton
Mary Barton Fue hacia la puerta donde esperaba fatigada la patrona. Su marido hacÃa horas que se habÃa acostado y dormÃa profundamente.
Job todavÃa no habÃa decidido qué hacer. Con tantas preocupaciones no podrÃa dormir ni en la mejor cama de Liverpool.
—Déjeme dormir en este sillón —le dijo por fin a la patrona, que estaba esperando a que se fuese.
Era una antigua conocida y se lo permitió. Aunque tenÃa tanto sueño que no habrÃa podido negarse, lo único que querÃa era que la dejaran en paz para poder irse a dormir.