Mary Barton
Mary Barton Su mujer ayudó a Mary a incorporarse y a sentarse en una silla.
—¿Te encuentras mejor, jovencita? —preguntó preocupado el barquero.
—Sí, señor, se lo agradezco mucho. No sé cómo darle las gracias —balbució Mary con voz desfallecida.
—¡Al demonio contigo y con tu agradecimiento!
Movió la cabeza, cogió su pipa y se marchó sin más explicaciones, dejando a su mujer totalmente en la inopia sobre la identidad y la historia de la desconocida que había llevado a su casa.
Mary vio marcharse al barquero y luego, volviendo sus tristes ojos hacia el rostro de su anfitriona, hizo ademán de levantarse con la intención de irse también… aunque no sabía adónde.
—¡No, no! Seas quien seas, no estás lo bastante bien para salir a la calle.