Mary Barton
Mary Barton —¡No! De nada sirve tratar de ocultarlo. ¡Caramba!, si salió publicado en el Guardian y el Courier, y no sé quién le contó a Jane Hodgson que lo publicaron incluso en un periódico de Londres. Te has convertido en toda una heroÃna. ¿Te gustó testificar? ¿Verdad que los abogados son un hatajo de impertinentes? La miran a una de un modo… ¿No te arrepentiste de no haber aceptado mi oferta y tomar prestada mi bufanda? ¡Vamos, Mary, di la verdad!
—La verdad es que ni siquiera lo pensé, Sally. ¿Cómo quieres que lo hiciera? —le preguntó en tono de reproche.
—¡Oh…! Olvidaba que tú solo pensabas en ese idiota de James Wilson. ¡En fin! Si alguna vez tengo la suerte de testificar en un juicio, te aseguro que me buscaré un pretendiente mejor que el acusado. Intentaré que sea un procurador, o como mÃnimo un carcelero.
A pesar de su tristeza Mary no pudo reprimir una sonrisa al pensar en la idea totalmente incongruente de ir buscando admiradores en un juicio por asesinato.
—Te aseguro que no pensé en buscar pretendientes, Sally. Pero hablemos de otra cosa, no me gusta pensar en eso. ¿Qué tal están la señorita Simmonds y las demás?