Mary Barton
Mary Barton —¡Oh, muy bien! A propósito, me ha dado un recado para ti. Dice que, si te portas como es debido, puedes volver a trabajar para ella. Ya te dije que te aceptarÃa encantada, después de lo sucedido, como reclamo para su tienda. Vendrán desde Salford a verte, como mÃnimo los próximos seis meses.
—No digas eso; no puedo volver, no podrÃa mirar a la cara a la señorita Simmonds. Y, aunque pudiera… —se interrumpió, ruborizándose.
—¡SÃ! Ya sé en lo que estás pensando. Pero ahora que lo han despedido de la fundición las cosas serán diferentes… Más vale que lo pienses dos veces antes de rechazar la oferta de la señorita Simmonds.
—¿Han despedido a Jem de la fundición? —exclamó Mary.
—¡Desde luego! ¿No lo sabÃas? Las personas honradas no quieren trabajar con un… ¡no! Supongo que no debo decirlo, ya que te tomaste tantas molestias en conseguirle una «coartada»; aunque no es que me parezca mal que un joven le tenga ojeriza a un rival… En el teatro siempre es asÃ.
Pero los pensamientos de Mary estaban con Jem. ¡Qué bueno habÃa sido al no contarle que lo habÃan despedido! ¡Cuánto habÃa tenido que aguantar por ella!
—Cuéntamelo todo —jadeó.