Mary Barton
Mary Barton —¡Caramba! Ya sabes que en las obras de teatro siempre tienen una espada a mano —empezó Sally, pero Mary movió impaciente la cabeza y la interrumpió.
—Lo de Jem… lo de Jem, quiero saberlo todo.
—¡Oh!, no sé más que lo que está en boca de todos: lo han despedido de la fundición, porque la gente no cree que lo exculparas de verdad del asesinato, por más que el jurado no quisiera ahorcarlo. Me han dicho que el viejo señor Carson está exasperado con el juez, el jurado y los abogados.
—Tengo que ir con él, tengo que ir con él —repitió Mary atropelladamente.
—Él te dirá que todo lo que te he contado es cierto y que no he dicho ninguna mentira —replicó Sally—. Bueno, no le daré tu respuesta a la señorita Simmonds y dejaré que te lo pienses dos veces. ¡Buenas tardes!
Mary cerró la puerta y entró en casa.
Su padre seguÃa en la misma postura, con la misma actitud imperturbable. Solo su cabeza estaba un poco más gacha que antes.
Mary se puso el gorro para ir a Ancoats: tenÃa que ver, preguntar, consolar y adorar a Jem.