Mary Barton
Mary Barton Pasó tiempo antes de que la obtusa naturaleza del señor Carson comprendiera este secreto consuelo, y fue ella quien le impidió recoger todo beneficio del aprecio público por sus actos; el carácter cambia con más facilidad que los hábitos y costumbres creados originalmente por ese carácter, y hasta el dÃa de su muerte, quienes apenas lo veÃan de vez en cuando y lo conocÃan poco siguieron teniendo al señor Carson por una persona frÃa e implacable. En cambio, quienes gozaban de su confianza sabÃan que su deseo más Ãntimo era que nadie sufriera por el motivo por el que habÃa sufrido él; que pudiera darse un completo entendimiento, confianza y afecto mutuo entre patronos y obreros; que llegase a admitirse que el interés de uno era el interés de todos, y que como tal requerÃa consideración y cuidado; que por ello era deseable tener obreros educados y con capacidad de juicio —no meras máquinas y hombres ignorantes— y que estuvieran vinculados a sus patronos por los lazos del respeto y el afecto, no solo por el dinero; en suma, que el EspÃritu de Cristo fuese la ley que imperase entre ambas partes.
Muchas de las mejoras hoy introducidas en el sistema de empleo de Manchester tienen su origen en las breves y solemnes frases pronunciadas por el señor Carson. Y todavÃa faltan muchas por poner en práctica que también surgieron de ese hombre severo y pensativo que aceptó las enseñanzas del sufrimiento.