Norte y sur
Norte y sur —¡Pobre Maria! —dijo, casi como si hablara para s×. Ojalá uno pudiera hacer lo correcto sin sacrificar a otros. Odiaré esta ciudad y me odiaré a mà mismo si ella…, dime, Margaret, te lo ruego, ¿te habla a menudo tu madre de los antiguos lugares…, quiero decir de Helstone?
—No, papá —contestó Margaret con tristeza.
—¿Lo ves? Eso es que no los añora. Siempre ha sido un consuelo pensar que tu madre era tan sencilla y tan franca que me enterarÃa de cualquier motivo de queja que tuviera. Nunca me ocultarÃa nada que afectara gravemente su salud, ¿a que no, Margaret? Estoy completamente seguro de que no lo harÃa. Asà que no quiero volver a saber nada de esas ideas mórbidas estúpidas. Anda, dame un beso y ve en seguida a la cama.
Pero le oyó dar vueltas (mapachear, como lo llamaban Edith y ella) mucho después de que acabara de desnudarse lenta y lánguidamente, mucho después de que se pusiera a escuchar acostada en la cama.