Norte y sur
Norte y sur —No recuerdo el nombre del lugar. Pero ya no se llama Hale, tienes que recordarlo, Margaret. FÃjate en el F. D. de cada esquina de las cartas. Ha tomado el apellido de Dickenson, yo querÃa que empleara Beresford, al fin y al cabo tiene cierto derecho a llevarlo, pero tu padre creyó preferible que no lo hiciera. PodrÃan reconocerle si usaba mi apellido, ¿comprendes?
—Mamá, yo estaba en casa de tÃa Shaw cuando ocurrió todo —dijo Margaret. Y supongo que era demasiado pequeña para que me lo contarais sin rodeos. Pero ahora me gustarÃa saberlo, si no te causa demasiado dolor hablar de ello.
—¡Dolor! No —repuso la señora Hale sonrojándose—. Lo doloroso es pensar que quizá no vuelva a ver a mi querido hijo nunca. Por lo demás, obró bien, Margaret. Pueden decir lo que quieran, pero yo tengo sus cartas que lo demuestran, y le creo, aunque sea mi hijo, más que a ningún consejo de guerra del mundo. Ve a mi escritorio japonés, cariño, y en el segundo cajón de la izquierda encontrarás un manojo de cartas.