Norte y sur
Norte y sur —¡Bueno! —dijo él en tono mas ligero—, nuestros recién casados se dedicaban a gastar unas bromas tan tontas y a correr toda clase de peligros, escalando una montaña, navegando en el lago, que la verdad es que pensé que necesitaban un mentor que los cuidara. Y en realidad, asà era; mi tÃo no podÃa controlarlos y tenÃan al buen anciano aterrado dieciséis de las veinticuatro horas del dÃa. Lo cierto es que en cuanto comprobé que no se les podÃa dejar solos, consideré una obligación no separarme de ellos hasta que los viera embarcados a salvo en Plymouth.
—¿Ha estado en Plymouth? Vaya, Edith no lo menciona en ninguna carta. Claro que ha escrito tan apurada últimamente. ¿Embarcaron realmente el martes?
—Embarcaron realmente, y me liberaron de muchas responsabilidades. Edith me dio muchos mensajes para usted. Creo que tengo una nota minúscula en algún sitio; sÃ, aquà está.
—¡Gracias! —exclamó Margaret; y como en realidad querÃa leerla a solas sin que la observara, se excusó diciendo que iba a avisar ella misma a su madre de su llegada (sin duda Sara habÃa cometido algún error).