Norte y sur

Norte y sur

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—No dijo una palabra. Temblaba tanto de cólera contenida que yo no podía soportar mirarlo. Oía su jadeo rápido y una vez me pareció que estaba sollozando. Pero cuando padre le dijo que lo entregaría a la policía, dio un grito enorme y golpeó a mi padre en la cara con el puño cerrado y se largó como un rayo. Mi padre se quedó pasmado por el golpe al principio, pese a lo débil que estaba Boucher por la cólera y el hambre. Se quedó sentado un rato tapándose los ojos con las manos. Y luego se fue hacia la puerta. No sé de dónde saqué fuerzas pero me levanté del escaño y me aferré a él. «¡Padre! ¡Padre! —le dije—, deja en paz a ese pobre hombre. No te soltaré hasta que me lo prometas». «No seas estúpida —me contestó—, una cosa es decirlo y otra hacerlo. Nunca he pensado denunciarle a la policía; aunque voto a D… que se lo merece y no me importaría que cualquiera hiciera el trabajo sucio y que lo encerraran. Pero ahora que me ha atizado sería aún más difícil que lo hiciera porque metería a otros en mi pleito. Pero si alguna vez sale de ésta y se encuentra bien, él y yo tendremos una pelea en toda regla, patadas y todo, y ya veré qué puedo hacer por él». Así que se deshizo de mí, que en realidad estaba bastante débil y deprimida, y él tenía la cara blanca como la nieve donde no estaba ensangrentada y me mareaba. Y no sé si estuve dormida o despierta o perdí el conocimiento hasta que llegó Mary. Y le pedí que fuera a buscarla. No me hable, prefiero que lea el capítulo. Estoy más tranquila ahora que lo he soltado; pero necesito algunos pensamientos del mundo lejano que me quiten el mal sabor de boca. No me lea un capítulo de sermón sino uno de historia. Veo las imágenes que tienen con los ojos cerrados. Léame sobre el cielo nuevo y la tierra nueva[41], a ver si olvido todo esto.


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