Norte y sur
Norte y sur ¡Su paso al fin! Lo oyó incluso mientras creía estar acabando una frase; mientras su vista pasaba sobre ella y podría haberla repetido de memoria palabra por palabra: le oyó llegar a la puerta del vestíbulo. Su percepción agudizada podía interpretar cada sonido: ahora estaba junto al perchero, ahora en la misma puerta de la habitación. ¿Por qué se detenía? ¡Que acabara de una vez con su tormento!
Pero siguió con la cabeza inclinada sobre el libro; no alzó la vista. Él se acercó a la mesa y se detuvo allí, esperando que ella terminara el párrafo en el que parecía absorta. Al fin alzó la vista con esfuerzo.
—¿Y bien, John?
El sabía lo que significaba la escueta pregunta. Pero se había armado de valor. Deseó contestar con una broma. La amargura que sentía podría haber aportado una, pero su madre merecía que la tratara mejor. Se acercó y se colocó detrás de ella, de forma que no podía verle, le inclinó hacia atrás la cara gris y pétrea y la besó, murmurando:
—Nadie me ama, sólo me quieres tú, madre.