Norte y sur
Norte y sur —Y yo la odio —dijo la señora Thornton indignada en voz baja—. He procurado no odiarla cuando se interponÃa entre tú y yo, porque me decÃa que te harÃa feliz; y darÃa la sangre de mi corazón por eso. Pero ahora la odio por tu sufrimiento. SÃ, John, es inútil ocultarme tu pena. Soy la madre que te trajo al mundo y tu pena es mi tormento; y si tú no la odias, yo sÃ.
—Entonces haces que la quiera más, madre. La tratas injustamente y tengo que compensarlo. Pero ¿por qué hablamos de amor y de odio? Ya es bastante que no me quiera, demasiado. No volvamos a tocar el tema nunca. Es lo único que puedes hacer por mà en este asunto. No volvamos a nombrarla.
—Estoy completamente de acuerdo. Sólo deseo que ella y todo cuanto le pertenece vuelvan al lugar del que vinieron.
Él siguió de pie sin moverse, mirando fijamente el fuego unos minutos. Ella se quedó mirándolo con ojos secos y apagados, que se le llenaron de lágrimas inusitadas; pero parecÃa tan adusta y serena como siempre cuando él volvió a hablar.
—Hay orden de arresto contra tres hombres por conspiración, madre. El disturbio de ayer ha contribuido a reventar la huelga.