Norte y sur
Norte y sur —Me encontré al doctor Donaldson, señora, y me dijo que le sentarÃa bien la fruta, asà que me he tomado la libertad, la gran libertad, de traerle un poco que me ha parecido excelente.
La señora Hale se mostró sumamente sorprendida; sumamente complacida; temblorosa de impaciencia. El señor Hale expresó con menos palabras una gratitud más profunda.
—Trae un frutero, Margaret, un cesto, lo que sea.
Margaret se quedó de pie junto a la mesa un momento, como si temiera moverse o hacer el menor ruido que delatara al señor Thornton su presencia. Pensó que serÃa incómodo para ambos provocar un enfrentamiento deliberado: y supuso que no la habÃa visto, porque cuando entró ella estaba en un asiento bajo, y ahora de pie detrás de su padre. ¡Como si no sintiera él su presencia en todas partes, aunque no hubiera posado la mirada en ella en ningún momento!
—Tengo que marcharme —dijo él—. No puedo quedarme. Disculpen la libertad que me he tomado, los modales toscos, demasiado bruscos, me temo; seré más cortés la próxima vez. Me permitirá el placer de traerle fruta de nuevo si veo alguna que sea tentadora. Buenas tardes, señor Hale. Adiós, señora.