Norte y sur
Norte y sur Se marchó. Sin dirigir una palabra ni una mirada a Margaret. Ella creÃa que no la habÃa visto. Fue a buscar un frutero en silencio y sacó la fruta con delicadeza, con las yemas de sus finos dedos ahusados. HabÃa sido muy amable llevándola; ¡y después de lo del dÃa anterior, además!
—¡Oh! ¡Está deliciosa! —exclamó la señora Hale con un hilo de voz—. ¡Qué amable, mira que ocurrÃrsele pensar en mÃ! Margaret, cariño, prueba estas uvas. ¿No crees que ha sido muy amable?
—Sà —contestó Margaret en voz baja.
—¡Margaret! —exclamó el señor Hale un tanto quejoso—. Siempre te molesta lo que hace el señor Thornton. Nunca he visto a alguien con tantos prejuicios.
El señor Hale acabó de pelar un melocotón para su esposa; cortó un trocito para tomarlo él y dijo:
—Si yo tuviera prejuicios se habrÃan evaporado con este regalo. Nunca he probado fruta tan exquisita, la verdad, ni siquiera en Hampshire de pequeño. Aunque supongo que a los chicos toda la fruta les parece buena. Recuerdo las endrinas y las manzanas silvestres que comÃa con deleite. ¿Recuerdas los groselleros que habÃa en el rincón del muro occidental del jardÃn en casa, Margaret?