Norte y sur
Norte y sur —SabÃamos que le encontrarÃamos en casa después de comer —dijo Margaret.
—SÃ, sÃ. Las penas son más abundantes que las comidas, precisamente ahora; creo que mi hora de la comida se prolonga todo el dÃa. Pueden estar segurÃsimos de encontrarme.
—¿Está sin trabajo? —preguntó Margaret.
—Sà —contestó él secamente. Luego, tras un breve silencio, alzó la vista por primera vez y añadió—: No es que no tenga pasta. No lo piensen. La pobre Bess tenÃa unos ahorrillos bajo la almohada, dispuestos a caer en mi mano a última hora; y Mary corta fustán. Pero yo estoy sin trabajo igualmente.
—Nosotros debemos dinero a Mary —dijo el señor Hale antes de que Margaret le apretara el brazo para que se callara.
—Si lo acepta, la echo de casa. Yo esperaré entre estas cuatro paredes y ella esperará fuera. Eso es todo.
—Pero tenemos que agradecerle su amable servicio —empezó otra vez el señor Hale.
—Yo nunca le he agradecido a su hija aquà el cariño que demostró a mi pobre muchacha. Nunca encontré las palabras. TendrÃa que empezar a probar ahora si usted se pone a armar jaleo por la ayuda de Mary.
—¿Está sin trabajo por la huelga? —preguntó amablemente Margaret.