Norte y sur
Norte y sur —La huelga se acabó. Terminó por ahora. Estoy sin trabajo porque no lo he pedido. Ni pienso hacerlo, porque las buenas palabras escasean y las malas abundan.
Estaba de un humor propicio para disfrutar hoscamente dando respuestas que parecían acertijos. Pero Margaret se dio cuenta de que le gustaría que le pidieran una explicación.
—¿Y las buenas palabras son…?
—Pedir trabajo. Me parece que son casi las mejores palabras que puede decir un hombre. «Deme trabajo» significa «y lo haré como un hombre». Son buenas palabras.
—Y malas palabras son negarle el trabajo cuando lo pide.
—Sí. Malas palabras es decir: «¡Ajá, amigo mío! Tú has sido fiel a tu clase y yo seré fiel a la mía. Hiciste cuanto podías por los que necesitaban ayuda; ésa es tu forma de ser fiel a los tuyos. Y yo seré fiel a los míos. Has sido un pobre estúpido que no sabías más que ser un verdadero estúpido fiel. Así que al car… Aquí no hay trabajo para ti». Son malas palabras. No soy estúpido; y si lo fuera, la gente tendría que haberme enseñado a ser juicioso a su modo. Habría aprendido si alguien hubiera intentado enseñarme.