Norte y sur
Norte y sur —Señorita Hale, tengo un deber que cumplir. Prometà a su pobre madre que, en la medida de mi pobre juicio, no le permitirÃa actuar de modo impropio, o… —aquà suavizó un poco el tono— o descuidado sin amonestarla al menos, sin ofrecerle consejo, lo aceptara usted o no.
Margaret se quedó plantada delante de la señora Thornton mirándola con ojos desorbitados y ruborizada como cualquier culpable. ¡CreÃa que habÃa ido a hablarle de la mentira que habÃa dicho, que el señor Thornton le habÃa encargado que le explicara el peligro al que se habÃa expuesto de que la refutaran en pleno juicio! Y aunque se le cayó el alma a los pies al pensar que él no habÃa decidido ir personalmente a reconvenirla y escuchar su arrepentimiento devolviéndola a su buena opinión, sin embargo se sentÃa demasiado humillada para no soportar cualquier acusación sobre este tema con paciencia y docilidad.
La señora Thornton prosiguió:
—Cuando me enteré por una de mis sirvientas de que la habÃan visto paseando con un caballero en la estación de Outwood, tan lejos de casa y a tales horas del atardecer, al principio no podÃa creerlo. Pero lamento decir que mi hijo me confirmó que era verdad. Fue indiscreto, por no decir algo peor. Muchas jóvenes han perdido la reputación antes…