Norte y sur
Norte y sur Margaret la miró con ojos relampagueantes. Aquélla era una idea nueva: demasiado insultante. Si la señora Thornton hubiese hablado de la mentira que habÃa dicho, muy bien, lo habrÃa reconocido y se habrÃa humillado. Pero afear su conducta, ¡hablar de su reputación! Y que lo hiciera ella, la señora Thornton, una extraña, ¡era demasiado impertinente! No contestarÃa, no dirÃa ni una palabra. La señora Thornton vio el espÃritu combativo en la mirada de Margaret y surgió también su combatividad.
—Por su madre, he considerado correcto advertirla contra tales impropiedades; a la larga la degradarán en la estima del mundo aunque no le hagan verdadero daño.
—Por mi madre —dijo Margaret con voz lacrimosa— soportaré mucho, pero no puedo soportarlo todo. Estoy segura de que ella nunca quiso exponerme a la injuria.
—¡Injuria, señorita Hale!
—SÃ, señora —dijo Margaret con más firmeza—, injuria. ¿Qué sabe usted de mà que la lleve a sospechar…? Oh —dijo, derrumbándose y cubriéndose la cara con las manos—. Ahora entiendo, el señor Thornton le ha dicho…